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martes, julio 29, 2008

TAN cierto...

Visitando el blog de mi hermana Anabelle, me puse a revisar entradas pasadas. Ahí ella tenía una foto tomada de post secret, y me dieron deseos de visitar el blog, así que lo hice. Bueno, allí fue que me encontré con estas dos postales que tristemente se aplican mucho a mi. 


Que vaina!

domingo, julio 13, 2008

Ya está bueno

Quizás porque yo me siento más orgullosa de mi cerebro y personalidad que de mis tetas y mi culo, hay comportamientos femeninos que no puedo entender, ni defender. Anoche veía a un comediante que se burlaba de la forma en que hay mujeres que andan con tetas operadas, blusas escotadas y el pecho decorado con escarcha y después se quejan de que los hombre no le miran a la cara... En ese mismo programa pasaron anuncios de “Girls Gone Wild” –videos de mujeres besándose, sobándose y enseñando (al menos) los senos para la cámara— que me hicieron notar que hay tantas mujeres dispuestas a esto y tantos videos de ellas, que los pene-por-cerebro que lo deseen pueden subscribirse para recibir un video al mes.

Como me entenderán, todo esto ya me tenía furiosa, hasta que mi lectura matutina de noticias me hizo ponerme, además, triste. Hoy en la revista Time y me encontré con la noticia de que en Francia (y sabrá Dios donde más) miles de mujeres se someten a la dolorosa operación de reconstrucción del himen para (y traduzco) “evitar la humillación, y posible violencia, que puede resultar de que los maridos y las familias descubran de las sábanas limpias que la noche de bodas no fue su primera experiencia sexual” (para más frases así de estúpidas, aquí el artículo completo).

Casos como estos son los que me hacen pensar que no debo tener hijas, porque no sé si podría repetir la formula que usó mi mamá para que las suyas no le salgan así y no sé si podría seguir queriendo a una hija que se quiera tan poco. Perdónenme por pensar que para ser madre del tipo de mujer que se deja valorar por un himen y que entra voluntariamente a una familia que le chequeará las sábanas post-coito, prefiero ser la madre de la próxima Jenna Jameson.

¿Qué es lo que la sociedad/familia/religión nos ha hecho a las mujeres? Yo, que he vivido en sobrepeso por más de 12 años (es decir que no “estoy” sino que “soy” gorda) también he sentido la presión de valorarme y dejarme valorar por mi cuerpo, y confieso que lucho a diario contra eso. Y resiento ese daño que la sociedad, y la influencia que yo he dejado que ésta tenga sobre mí, le ha hecho a mi autoestima y a mi concepto de lo que valgo.

Yo pienso que ya está bueno, pero ¿qué es lo que piensan las que están andan por el mundo levantándose las blusas en los bares, o las que aceptan ser amantes, o las que perdonan vez tras vez tras vez los cuernos, o las que se reconstruyen el himen? ¿Cuándo fue que decidimos que no éramos más que una caparazón para ser admirado, y una cavidad para dar placer? ¿Y quién soy yo, entonces, que en el presente no funjo ninguno de los dos roles?

Que tristeza amigas. En serio. Que pena me da pensar que muchas de nosotras aún nos consideramos humanas de segunda categoría.

domingo, mayo 04, 2008

Mi top 25


Steven King escribió en su columna de Entertainment Weekly sobre las canciones en su top-20. Para hacerlo, fue a su iTunes y se fijó en cuáles él había escuchado más veces. Inspirada por él (que me inspira muy a menudo), yo hice lo mismo, pero no me pude quedar en 20, ya que las cinco que había debajo eran muy representativas de mi gusto musical, así que recogí mis top-25.

Algunas de las canciones que verán en la lista me sorprendieron (como la de Frank Sinatra, que no sabía que había escuchado tantas veces), así como me sorprendió que de tantas sean de The Shins, y que no hubiera de The Beatles, ya que según yo, yo escucho al menos una o dos de sus canciones diarias. Pero iTunes no miente, así que aquí la lista sin editarla.

Creo que todas son buenas (obviamente) por lo que si no han escuchado alguna y les despierta la curiosidad, les invito a bajarlas y comentarlas conmigo. Y hagan el ejercicio, a ver si ustedes también se sorprenden.

1. We Will Become Silhouettes/The Shins (78)
2. Saint Simon/The Shins (64)
3. Everybody's Changing/Keane (63)
4. New Slang/The Shins (61)
5. Caring is Creepy/The Shins (55)
6. Whistle For The Choir/The Fratellis (53)
7. Mardy Bum/Arctic Monkeys (51)
8. The Distric Sleeps Alone Tonight/The Postal Service (50)
9. Sinced I Told You It's Over/Stereophonics (50)
10. Across The Universe/Fiona Apple (49)
11. Your Winter/Sister Hazel (49)
12. New Shoes/Paolo Nutini (48)
13. In Your Eyes/Peter Gabriel (48)
14. One By One All Day/The Shins (47)
15. Overkill-acustic/Colin Hay(43)
16. Such Great Hights/The Postal Service(43)
17. Young At Heart/Frank Sinatra(41)
18. Something Beautiful/Robbie Williams(37)
19. Viene gente/Pavel Nuñez(34)
20. Ashes/Embrace(33)
21. This is the Last Time/Keane (32)
22. Sway/The Perishers (32)
23. I Wish Love/Rachael Yamagata(32)
24. Just Friends/Gavin DeGraw(31)
25. St. Patricks Day/John Mayer(31)

Los números en paréntesis son el conteo de veces escuchada. Las negritas son aquellas canciones que yo habría puesto en mi top de haber tenido que compilar una lista sin la ayuda de iTunes.

lunes, abril 07, 2008

Noches sin dormir

Quizás porque la mayoría de las veces mi trasnoche se debe a situaciones que prefiriera evitar (como trabajos que hay que entregar al otro día, o reuniones que me ponen tan nerviosa que me quitan el sueño), la mayoría de las veces en que amanezco sin haber pegado los ojos me siento triste y abatida. Pero hay otras ocasiones en que el insomnio es producto de una falta de deseo por dormir, porque es más interesante lo que se está haciendo despierta… Y esas veces, el cansancio de la mañana siguiente no sólo es bienvenido, sino que es un placer.

Yo siempre he estado opuesta al sueño. Y tú te preguntarás ¿cómo así? Y yo contesto: bueno, que el sueño siempre me ha parecido una pérdida de tiempo. Aún sea para quedarse hablando con un amigo en maratónicas conversaciones trasatlánticas, o par a ver televisión, o para hacer planes sobre el futuro (papel y lapicero en mano), quedarse despierta siempre me ha parecido más rico que dejarse vencer por el sueño.

Claro, que el cuerpo no está de acuerdo. Este vehículo traicionero, me obliga a cerrar los ojos y apagar la mente y estar ausente por horas. Si sólo yo pudiese ganarle este pleito a mi cuerpo, creo que sería mucho más feliz, con más noches de placentero insomnio desperdiciadas en cosas sin sentido.

lunes, marzo 24, 2008

En defensa de la fantasía


Quizás porque a menudo me parecen mejores las cosas que podría tener que las que tengo –las cosas que podría vivir, que las que vivo—yo soy dada a fantasear.

Fantaseo a cada rato. Cuando lavo los platos, tengo unas conversaciones imaginarias en las que le respondo a alguien algún insulto que nunca he recibido; o le explico la formula del éxito que aún no he alcanzado; o le digo mentiras sobre los lugares en que no he vivido y las experiencias que no he tenido.

Fantaseo casi a diario. Cuando lleno una solicitud de trabajo (o de admisión a una universidad) me dejo llevar por los sueños despierta pensar en lo que haré una vez se haya logrado conseguir el trabajo (o ir a esa universidad). No bien he empezado una dieta, me pongo a pensar en los vestidos que usaré una vez haya salido de esta panza. Sin comprar boletos de lotería me pongo a pensar en lo que haré con el dinero que me ganaré. Y a pesar de que mis decisiones profesionales probablemente no me lleven a esas metas, sigo fantaseando con ser mesera de Hard Rock Café; bartender de algún bar en Cabarete; repartidora de correo en algún pueblito americano;profesora de primaria en algún campito dominicano; golie en un equipo femenino de Hokey; concursante en una de esas competencias televisadas de baile; novelista; cuentista; libretista de películas de Hollywood y telenovelas venezolanas; cantautora (a lo Pedro Guerra mezclado con Alanis y adornado con un poco de Paul McCartney), y – mi más adorada de las fantasías— escritora de reportajes y libros sobre rock independiente (ambos de los cuales aparecerían en las páginas de Rolling Stones Magazine).

Mis fantasías son tan entretenidas, y me hacen sentir tan bien, que a veces pienso que me dejo pasar demasiado tiempo en ese mundo de “lo que podría ser, si sólo…” y me olvido de lo que debo hacer para seguir por el camino que ya he elegido. Cuando el tiempo dedicado a las fantasías afecta el tiempo que debo invertir en la realidad me castigo recordándome a mi misma que ya soy una adulta y que las adultas no pueden dedicar tanto tiempo al soñar despierta si quieren tener una mejor vida en el futuro.

Pero frecuentemente es ese “en el futuro” lo que hace que me vaya por la tangente en fantasías sobre “lo que podría ser, si sólo…” y hace que no sólo sea deseable, sino necesario, alimentar las fantasías que me dan tanta felicidad, aunque esta felicidad dure menos que una concursante “gorda” en America’s Next Top Model. Por eso es que me defiendo contra mi propia acusación de inmadurez por mi tendencia a fantasear y me digo: ¿Qué tiene de malo pasarse horas pensando en aquella grabación de mi primer disco, en el lanzamiento de mi primera novela, en mi foto en el periódico con el cheque de la lotería? ¿Y qué que si leo una entrevista a Robbie Williams sienta que hay partes de sus respuestas destinadas sólo a mí? ¿A quién hace daño que me identifique con algún personaje de las series americanas? ¿Qué pasa si desperdicio mi tiempo buscando en Internet la casita que voy a comprar en las afueras de Londres, o planeando conversaciones con J.K. Rolling sobre nuestras obras? Al fin y al cabo, hago lo que hay que hacer. No he dejado la realidad por completo, aunque de vez en cuando me vaya de vacaciones a mi mundo de fantasías.

Al final, creo que se trata de aquel impulso de vivir mejorándome, o editándome, para ser más esa persona que creo que debo ser. Así que para no juzgarme demasiado severamente y no pelear mucho conmigo misma, a veces me repito un “déjate ser, María… coño, muchacha, déjate ser”, buscando reconciliarme con la que soy y creo que seré.

Yo ya te he contando muchas de las mías, así que comparte tú: ¿Cuáles son algunas de tus fantasías?

domingo, septiembre 30, 2007

Si yo fuera canción



Quizás porque veo demasiada televisión, en estos días he visto mucho el anuncio de una página de Internet a través de la cual se puede escuchar y compartir música. El anuncio, que no es ni muy bueno, tiene a un tipo conectado (tipo Neo al Matrix) a algún sistema de sonido diciendo algo como que si todo se quedara en silencio, aún quedase su propio sonido, y luego ponen una canción que se supone que sería él. Y tal vez ha sido el haberme sobre expuesto a ese anuncio, pero ahora mientras se supone que debo estar escribiendo un trabajo, leyendo varios folletos o preparándome para las dos presentaciones que tengo el jueves próximo, me puse a buscar en mi iTunes la canción que yo sería si yo fuera una canción.

Ese ejercicio lo había empezado mucho antes de una forma diferente. Mami me había dicho que “Un corazón tendido al sol” de Víctor Manuel le acordaba a mi. Para Mariel, es “No Pressure Over Capuccino” de Alanis; para Gisselle “Para No Olvidar” de Los Rodríguez; para Raymundo José (mi ahijado de cuatro años) “Don” de Miranda… Yo había hecho una lista y copiado la letra de esas canciones en algún cuaderno que perdí como tratando de descifrarme a través de las canciones con las cuáles mi gente me recordaba. El análisis, como pueden ver, estaba basado en las letras aunque puede que no sean las letras lo que le acuerden a mi (por lo menos sé que es la música en el caso de R.J.), sino algún momento juntos o alguna frase de la canción. O tal vez sea la música.

Así que inspirada por el anuncio de Rhapsody.com, y mi incesante hábito de postergar las obligaciones, me puse a hacer la lista de las canciones que según yo suenan (léase, la música, no necesariamente la letra) a mi. No pude reducirme a una canción, así que hice la lista más corta que pude con 15 canciones. A mi amigo Ángel Luís no se sorprenderá al ver que la lista está repleta de “tigueres con guitarras”. Ustedes dirán si así es que les sueno…

Aquí la lista (sin orden de preferencia, ni nada por el estilo). Si no has oído alguna de estas canciones te recomiendo que le des al link. (Los enlaces son a las canciones en YouTube).

1. Sunshower, Chris Cornell
2. Don't Wait, Dashboard Confessional (que es el video de "sonando en mi cabeza")
3. Green Eyes, Coldplay
4. Ticket To Ride, The Beatles
5. No Pressure Over Cappucino, Alanis Morissette
6. Lapiz Y Tinta, El Último De La Fila
7. Y Mariana, Silvio Rodríguez
8. Sirinoque, Pedro Guerra (el enlace va a un video que uno padres hicieron de su niño, con Sirinoque de fondo)
9. Driftwood, Travis
10. Live Forever, Oasis
11. Just Looking, Stereophonics
12. Saint Simon, The Shins
13. The Distric Sleeps Alone Tonight, The Postal Service
14. Evenflow, Pearl Jam
15. 29, Gin Blossoms

Pd: Señores, TODO está en YouTube!
Pd2: Si alguien tiene la canción "Un corazón tendido al sol" de Victor Manuel, please envíamela a mariafi@gmail.com, que no la he podido encontrar.

martes, septiembre 18, 2007

Cumpleaños muy feliz


Quizás porque he estado preparándome para los treinta desde que cumplí los 24 siento que el haber entrado en mi tercera década de vida no me ha afectado tanto como esperaba (yo estaba preparada para hacer una crisis del carajo). Claro, ayuda el habérmela pasado con familia tanto presente, como haciendo acto de presencia vía el teléfono. Pero la verdad que si uno se detiene a pensarlo, los 30 son algo grande, significativo y un poco atemorizante.

Yo, que desde los 13 (y no exagero) uso mi cumpleaños para pasar revista de las cosas que he hecho y no he hecho con mis años de vida, no me he atrevido a pasar revista este año. Claro, estoy cursando un PHD lo que no sólo me quita el tiempo para introspecciones introspectivas, sino que también me hace sentir menos como una “perdedora” por las cosas que aún no he logrado. Me siento orgullosa del lugar en donde estoy y de que a pesar de estar pasando trabajo (en cuanto a los estudios, porque en los otros sentidos estoy bien), estoy saliendo a flote.

Entonces ha pasado que en vez de pasar revista estoy planeando lo que viene. Me gradúo a los 33-34, consigo un trabajo en una bati universidad americana, inmediatamente tengo mi primer hijo o hija, compro mi primer carro nuevo, trabajo como una loca para lograr “tenure”, hago consultorías internacionales que me llevan a conocer lugares como Eslovenia, participo en algún programa de comunicación para el desarrollo de República Dominicana, compro mi primera casa, tengo otro hijo, y si me da tiempo salvo a la porrista y salvo al mundo; todo eso antes de los 40.

En lo que eso se cumple les invito a ver las fotos de mi celebración de cumpleaños, que empezó con un viaje de 5 horas y medias en carro a Miami, continuó con una cena en un restaurante hindú y concluyó con el concierto de Dave Matthews en West Palm Beach. No me puedo quejar.

jueves, agosto 23, 2007

Envidio a los coreanos



Quizás porque según los medios de comunicación, los latinos hemos invadido todo el territorio americano, yo pensaba que me iba a encontrar en una aula donde un 40% (al menos) de la población venía de algún país hispano parlante. Ya me había hecho la idea de estar en coro con los colombianos, peruanos, puertorriqueños y costarricenses que de seguro iban a estar estudiando en mi mismo doctorado.

Por el tono en que cuento esto, se podrán dar cuenta de que no es lo que ha pasado. Hasta ahora soy la única latina en mi programa de doctorado; una de las pocas en el programa de graduados de Periodismo y Comunicación, y parte de una minoría en esta universidad que queda a tan sólo 5 horas de la ciudad en que residen los Estefan y tantos miles (o millones) de latinos más.

Lo que sí hay en mis clases y en la universidad son coreanos. Tanto, que estoy por creer que los vuelos de Gainesville a Seul estaban al dos por uno.

Da gusto verlos interactuar. Son muy amenos, muy cariñosos y se ofrecen consejos gratis y desinteresados los unos a los otros. Al menos eso parece, porque como sólo les oigo hablar, sin entender lo que dicen, sólo puedo tratar de adivinar que comunican las sonrisas que intercambian. Ellos sí que deben tener su coro.

Y no es que esté privada de latinos -de hecho mis profesores asesores son uno venezonalo y otro dominico/puertoriqueño- pero tener ese comadreo en la clase con otra latina o compadreo con un latino sí me hace falta.

Hasta ahora, estoy haciendo amigos coreanos, a ver si aprendo algunas palabras y me invitan a sus cherchas y salidas.

Mientras eso sucede, permitánme aprovechar este escrito sobre los latinos que no hay en Gainesville, para decirles lo que sí hay:

1. "Gators" por todos los lados. Como el que se ve en la foto que acompaña este post. El "gator" es la mascota de los equipos (campeones nacionales) de basket y futbol americano de la universidad. Y están por todos lados.

2. Ranitas pequeñitas. A veces cuando estoy caminano a mi apartamento veo alguna que me salta cerca. Son tan pequeñas que al principio no sabía lo que eran (son como del tamaño de una peseta), pero son ranas.

3. Mucho sol y calor. Pero ese tema creo que ya lo habíamos tratado.

4. Pasolas y bicicletas por doquier. Asumo que son producto del "eficiente" y "confiable" sistema de transporte público que tiene el pueblo.

5. Hermandades y fraternindades. Las cuales dicho sea de paso se encuentran en "rush" (reclutamiento) lo que hace que unas pobres adolescentes anden ridiculizandose por todo el campus con sombreros elaborados

6. Mucho que estudiar. Mi primera clase, para la primera semana ya me ha asiganado 9 (NUEVE!) lecturas. Y yo estoy tomando cuatro clases.

Dicho lo anterior, es justo que deje de escribirles y me ponga a leer. Deseenme suerte.

martes, julio 03, 2007

De recursos no renovables


Quizás porque no tengo una vena muy medioambientalista, me suelo olvidar de aquellas clases del bachillerato en que me decían que hay recursos naturales no-renovables. Y al igual que cuando una recibe un sustancioso aumento de sueldo, se cree que no sabrá que hacer con tanto dinero; hay recursos, como el agua, que una cree que puede usar y abusar sin que se agoten.

Pero cuando una lee en el periódico que gente que vive a pocos kilómetros de la casa en que vive (en donde al día de hoy, no falta el agua) ha pasado más de dos semanas sin este recurso, se comienza a preguntar ¿he estado siendo una irresponsable en mi uso de recursos no renovables? Y una se contesta que posiblemente, sí.

Que probablemente he estado desperdiciando el tiempo. Que probablemente he estado menospreciando amigos. Que probablemente he desechado consejos. Que probablemente he malgastado neuronas. Que probablemente he dejado pasar oportunidades. Que probablemente he abusado de otros recursos que no volverán por estar atenta a otras cosas.

Y puede ser que el tema de los arrepentimientos o de las oportunidades perdidas se esté convirtiendo repetitivo en este blog. (Y Dios sabe que no quiero abusar de mis lectores aburriéndoles con mis introspecciones). Pero cuando una está a punto de someterse a un cambio drástico de vida –si no sabe a lo que me refiero, vea posts anteriores—una no hace mal en evaluar lo que ha andado hasta ahora para no olvidar empacar las lecciones aprendidas y los errores que no quiere repetir.

Así que permítanme divagar sobre recursos no renovables. Los que nos trae la naturaleza, y los que nos trae la vida, con la esperanza de que mi divagación despierte nuestras conciencias (la mía tanto como la de cualquiera de ustedes) y provoque un uso más sostenible de los mismos.

martes, junio 26, 2007

Las cosas que se acumulan

Quizás porque soy tan desorganizada, cada vez que me pongo a recoger mi habitación, escritorio o cualquier otro espacio en el cual resido, me doy cuenta de que tengo el hábito de dejar acumular, no sólo los regueros, sino las cosas y las tareas.

Por este hábito, me encuentro con que empacar en una labor de semanas, archivar es una tarea irrealizable y desechar las cosas que aún pasado el tiempo no he usado, y tal parece ser nunca usaré, resulta doloroso. No me malinterpreten, yo no tengo problemas echando a la basura la revista Glamour de enero del 2005 que encuentro en mi revistero, ni suelo guardar servilletas de las salidas con amigos como surveniers de los buenos momentos. Lo que yo acumulo son cosas que pensaban que en algún momento iba a hacer, y que nunca termino haciendo.

Por ejemplo: tengo decenas de libros que compré para leer ese fin de semana, que nunca leí; tengo varios fólderes de material de lectura impreso de Internet al que tampoco hice caso; tengo álbumes para hacer “scrapbooks” que después me dieron vagancia empezar; tengo una cartera sin zipper y al menos un par de zapatos sin tapita que nunca llevé a arreglar. Además, tengo los jeans que cuando me compré me quedaron apretados, y que guardé para cuando rebajara 15 libras, cosa que no ha pasado. Tengo también proyectos de negocios que nunca comencé, productos en mi carrito de Amazon, que no compré y agendas para viajes destinados a “conocer mejor mi país” en los cuales no he embarcado.

Las cosas se acumulan, la vida se le viene a una encima y no se puede avanzar como se estaba pensado. Claro, para evaluarlo de forma justa hay que tomar en cuenta las sorpresas gratas que aparecen y las oportunidades que nos llegan y que podemos y sabemos aprovechar; así como recordarse de que el tiempo no se ha acabado aún y que los libros se pueden leer, las cosas comprar, los zapatos arreglar y la dieta llevar si una saca el tiempo para ello. Pero aún ese arranque de ver-el-lado-bueno-ismo no me quita el sentimiento de que una debe, si puede evitar que las cosas se acumulen a tal punto que una las tenga que echar a un lado y archivar (física o mentalmente) en la gaveta de las cosas que nunca fueron y los momentos que nunca llegaron.

domingo, junio 10, 2007

Los millones que no he cobrado

Quizás porque tengo usando e-mail al menos diez años, puede que más, he aprendido de una forma rápida y poco dolorosa a no creer más de un 2% de las ofertas que he recibido por esta vía. Así, nunca he enviado mi número de cuenta a banqueros en Nigeria, ni he entrado mi dirección en una casilla que acompaña a un aviso de que gané una lotería de no se donde en la que nunca he jugado un número. No sé si es que soy pesimista, pero no tiendo a creer que yo soy tan dichosa.

Por eso me sorprende el optimismo de aquellas personas que siguen estos emailes hasta su última consecuencia, que envían su información personal, que pagan la cuota de inscripción de un concurso que se supone que ya han ganado, o que creen que el simple hecho de haber abierto una cuenta de email les llevará a convertirse en millonarios instantáneos. ¡Sí sólo la vida fuera tan buena con la clase media!

Aunque no puedo negar que de vez en cuando me divierto pensando en las cosas que pudiese haber comprado con los millones de dólares que no he cobrado y que me han ofrecido por email, o por aquellos que dejé pasar por no comprar el billete de quiniela que me indicó el sueño que no supe interpretar. Con todos esos millones, no cabe duda que hubiese podido realizar algunos sueños, como estudiar literatura en Oxford, hacer un tour por toda Sudamérica, ser primera usuaria de cualquier producto Mac, crear el periódico para acabar con todos los malos, comprar un equipo de Hokey y no sé cuantos sueños más. Pero como no me creí el cuento de que un reply cambiaría mi vida, y no quise arriesgar mis 100 pesos en una lotería, esos millones se han quedado por cobrar.

Soñar no cueste nada, pero la ingenuidad se paga muy cara.

miércoles, mayo 30, 2007

Cuenta regresiva al cambio

Quizás porque entiendo que la ausencia del cambio es lo mismo que el estancamiento yo soy de las que espera el cambio como quien espera el próximo cumpleaños para tener excusa para celebrar. Me encantan las novedades y veo la desaparición de una constante como una oportunidad, lo pueda apreciar en ese momento o no.

Así que aunque me vean deprimida porque cancelen Verónica Mars, sepan que de aquí a que llegue a sufrir su ausencia yo tendré otra fijación tal vez mayor que la anterior. No me molesta extrañar (aunque a veces me duela tantísimo), porque el cambio, no sé como, cuando ni a razón de qué para mi es algo positivo.

Todo esto porque hoy estoy a 27 días laborables de dejar de trabajar; a 57 días de calendario de mi fecha de partida; a 70 días de mudarme en mi apartamento de Gainesville (por cierto, para los que aún no lo saben opté por la Universidad de Florida, a pesar de mi decisión inicial de irme a la Universidad de Michigan); a 76 días de empezar mi doctorado, y a 107 días de cumplir los treinta. Estoy en cuenta regresiva al cambio y no puedo estar más (atípicamente) optimista.

Lo que va del 2007 ha sido duros para mí y para muchas personas que quiero. Yo quisiera fingir que algunas cosas que nos han pasando no nos han pasado, pero al final, sé que no puedo y el tener planes que con el potencial de hacer lo que resta del 2007 una colección de buenos recuerdos, me da esperanza. Y por eso estoy celebrando los cambios por adelantado, viendo el ‘pa lante y visualizando, según me enseñó mi hermana mayor, esos momentos tan anticipados en que llego a la Uni, asisto a clases, conozco las calles de Gainesville, dejo el trabajo… Y tantas cosas más que me esperan.

Así que sigan atentos al Pez y a mis anuncios y noticias, que este año se paren triunfos e ideas por pipá.

Pd: Por favor lean más abajo la encuesta que publiqué y con la cual necesito su ayuda.

lunes, mayo 07, 2007

Lecciones sobre el amor

Quizás porque en mi casa coincidían las canciones de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat y José Luís Perales, con las de Amanda Miguel, el Dúo Pimpinela, Yolandita Monge y otras estrellas de Disco 106, yo creo que pude elegir las canciones que me marcarían de una amplia y variada muestra de música, con contenidos muy diferentes.

Así, me entretenía con “A esa ve y dile tú…” (una de las canciones más divertidas de cantar), mientras adentraba a mi ADN las letras de “Puerto Rico, ala que cayó al mar…” y “Tiburón, qué buscas en la orilla…”. Escuchaba las canciones sobe los cuernos y los desamores, pero me dejaba influenciar más bien por aquellas que promovían comunidad e ideología, a pesar de que su influencia sobre mí se encuentre hoy debilitada por el capitalismo y otros demonios.

Pero recientemente, en una conversación vía e-mail con una persona muy querida que permanecerá anónima para fines de este post, recordamos aquellos sin sabores que las canciones de ayer nos hicieron romantizar. Por ejemplo, la figura de “la otra” que teme quedarse sola en la vejez (“Cariño mío, que va ser de mi, cuando las canas, empiecen a salir…”) nos despertaba un sentimiento de tristeza tal que cantábamos las letras de esta canción a toda voz, sin que nos surgiera el impulso que me parece ahora tan lógico, de gritar a la radio “¡vieja, pero vota a ese tipo!”.

Así mismo, Pimpinela, nos hacía pensar en todos los escenarios en que una mujer tradicional, ama de casa y aguantadora hasta lo último podía sufrir, con canciones como “Vivir sin ti no puedo” y “Me hace falta una flor” una gema de canción con letras como éstas (recuerden que las preguntas la hace él):
“¿Tienes ropa que lucir, no?
Si
¿Tienes comida en tu mesa, no?
Si
Si has vivido en un mundo común y sencillo y te he dado un castillo
¿Que te hace falta hoy?!
Me hace falta una flor.”

A juzgar por estas canciones las relaciones amorosas, al menos las de ese tiempo, eran poco menos que actos de masoquismo o intentos de suicidios. El “buen corazón” Amanda Miguel es una historia tan triste como su canción fatal ; “Él Me Mintió”.

Además del desamor, otro tema parecía ser común: La esperanza de estas Divas de nuestra niñez (para las que estamos post o cerca de los 30, al menos) era que viniese un príncipe azul a salvarlas. Sino, pregúntenle a Yolandita, que tras muchos sinsabores pudo cantarle a su "señor del pasado" que ya había encontrado con quién sustituitlo.

Sin embargo, aún eso no era garantía ya que como bien lo sabía Miriam Hernández (según declara en “Te pareces tanto a él”) encontrar un nuevo amor, era sólo perderlo otra vez…

Viendo todas estas muestras de divas desdichadas, me pregunto: ¿son estas canciones representativas de las vidas que llevaron nuestras madres? Y de ser así, ¿qué nos espera a nosotras que aprendimos de relaciones de parejas de madres que lloraban con canciones como estas?

Al menos al final del túnel, hay una esperanza, ya que si todo este análisis y esta retrospección es válida, entonces las canciones de hoy son muestras de las mujeres de hoy, por lo que si J.Lo –sin duda alguna, la diva del momento – le informa al tipo que osó complicarle la vida en "Qué Hiciste" que “Mañana no veré tu nombre escrito entre mis versos; no escuchare palabras de arrepentimiento; Ignorare sin pena tu remordimiento” nosotras también podemos.

martes, abril 03, 2007

Así es el grupo de apoyo

Quizás porque creo que nuestra capacidad es limitada sólo por nuestra imaginación, pienso que podemos servirnos los unos a los otros de estímulo e incentivo. Por lo que al leer las respuestas entusiastas que recibí de mi última entrada, pensé que el “formalizar” un poco este esfuerzo de apoyo y ver si dan los frutos que yo espero.

Este grupo se centra en el concepto de “estar ahí” para la otra persona. Como ejemplo puedo mencionar al apoyo que me ofrece mi madre profesional (y en muchos sentidos emocional) Martha. Cuando trabajamos juntas –ella como jefa; yo como novata— ella me ayudó a mejorar mi redacción, a entender lo que era trabajar con orden y en equipo, a asumir responsabilidades que yo quería eludir, y a buscarle el atractivo al tema que estuviera tratando, para que se adaptase al producto que nos empleaba. Estuve trabajando con ella directamente por tres años y cuando el momento llegó para que me fuera de la revista y siguiera aquellas áreas que más me interesaban, ella me apoyó, a pesar de que yo la dejaría sin la ayuda que ella requería para hacer la revista.

Desde entonces y hasta la fecha, Martha es un apoyo muy importante para mí. Es la persona con la cual pruebo mis ideas, la que me mantiene conectada al mundo del periodismo (que abandoné hace más de tres años), es la que me sirve de estímulo, de orientación y de monitoreo cuando en conversaciones fortuitas de la seguimiento aquellas ideas que le mencioné en algún momento y que ella han visto no han progresado. Además, es la que me mantiene cuerda, ayudándome a desahogarme cuando mi vida personal parece un maremoto que me va a absorber, y ayudándome a ver el otro lado del asunto cuando algún malentendido con mis otros seres queridos me roba la objetividad.

Me encantaría decirle que es recíproco y que yo soy para ella el apoyo que ella es para mí, pero no lo creo. A toda sinceridad yo creo que más que como fuente de cariño y admiración –ilimitada e incondicional— no le “sirvo” de gran cosa. Pero espero que entre sus amistades existan algunas personas que le puedan ofrecer a ella lo que ella me ofrece a mí. Y espero que haya alguien que entienda que yo le sirvo, aun sea por momentos o en ocasiones, de apoyo a ella o a él.

Y a esto es lo que me refiero cuando promuevo un grupo de apoyo: a un círculo (abierto, flexible) de personas que promuevan la estabilidad, el progreso y la innovación en las otras. Hacerlo puede ser tan complejo como convertirte en la Martha de una María, o tan simple como hacer una (o la combinación de alguna) de estas cosas:

1. Visita los blogs de las personas del círculo. Deja comentarios que aporten a sus ideas y críticas sólo constructivas.
2. Ofrece feedback de forma prudente y oportuna siempre y cuando la soliciten.
3. Haz “Follow-up”. Envia un email –o haz una llamada— preguntándole cómo progresan las cosas y en qué forma puedes ayudar.
4. Sé digna de confianza; guarda secretos. No compartas sus ideas con terceros. Son suyas. Si él o ella lo quiere compartir, entonces lo hará.
5. Tenlos pendiente. Piensa en sus cosas y piensa en qué puedes ofrecerle, ya sea una lectura con el tema que le interesa, o alguna idea.
6. Haz acto de presencia. Si te invitan a un evento, reunión o lo que sea que tenga que ver con sus iniciativas asiste. Que la persona se sienta respaldada.
7. Invierte algo. Ya sea tiempo, dinero o información. Pon algo de ti en su proyecto o su idea. Si la persona ve que hay otros dispuestos a invertir algo suyo en su iniciativa, creo que se sentirá más respaldada.
8. No los dejes abandonar. Sé un policía de su progreso. No dejes que la gente se rinda sin motivo. A veces uno necesita reenfocarse, no abandonar, ayúdalos en ese proceso.

En fin estas son sólo ideas, basadas en las ayudas que ya he recibido, las que necesito recibir y las que trato de ofrecer. De seguro tú ya haces algo –o todo—esto, por lo que mi interés de mencionarlas es sólo aclarar lo que implica ser parte de este grupo al cual se han enlistado. Así que ya saben, para pertenecer, sólo hay que apoyar.

jueves, marzo 22, 2007

Coronas y ficciones

Quizás porque hoy se hará el certamen de Miss República Dominicana, me he puesto a reflexionar sobre qué haría a una persona querer ser reina de belleza. Ese premio, me parece a mi, es el que menos merecido se tiene cualquier mujer, y aquí mi razonamiento.

Si soy alta, de ojos grandes y negros, pestañas largas, cintura estrecha y caderas redondeadas (pero no demasiadas) el crédito no lo merezco yo, sino la mezcla genética que me hizo parecerme a Amelia Vega.

Pero si no nací así de bella y opto, a lo Vielka Valenzuela, hacerme arreglitos que me hagan tener un pelo más lacio y una piel más linda, y más importante aún que me hagan tener senos que vencen la gravedad, una cintura a lo Thalía y la nariz de una muñeca Barbie, entonces el crédito se lo merece el equipo cirujanos de estilistas que te hicieron bella.

Al final, si te pueden premiar por algo es por a) reconocer tu belleza o b) elegir las mejoras que te faltaban. En cuyo caso, me parece un premio a la vanidad.

Pero eso es lo que pasa la televisión hoy día, premios a la vanidad y concursos para infames. No entiendo porqué me sigo sorprendiendo. El cable, del cual me confieso adicta (si no me creen, echen un ojo a mi misión del mes) está repleto de mujeres operadas, hombres amorales, valores equívocos o artificiales, ventas de intimidades, burlas y ofensas personales. Y todo esto en la Tv-realidad, porque según yo, aquellos programas que son ficción –en los que salen héroes y personas de moral intachable—siguen sido los que yo prefiero ver.

Y es que a mi los premios me parecen cada vez menos merecidos y la realidad cada vez más desagradable. Por eso es que prefiero las medallas olímpicas a las coronas y la ciencia ficción a las películas “basadas en hechos reales”. Prefiero seguirme mintiendo y creer que las niñas que nacieron en este siglo serán diferentes y que querrán ser astronautas, presidentes, y artistas, en lugar de ganar premios a la superficialidad.

lunes, febrero 12, 2007

La triste vida de los muggles

Quizás porque me enteré el pasado sábado que a mi sobrino Martín, de ocho años, no le gustan los dragones y que no cree en superhéroes, me he estado preguntando si estamos condenando a nuestros niños a una vida sin magia.


Mi ahijada Nicole, tampoco es mucho de fantasías, aunque finge (creo) aun creer en Santa Claus. Y Ciara y Raymundo José, mis otros dos ahijados, a quienes también creo que parí, tienen cada uno sus muñequitos favoritos (Power Rangers para él; Backyardigans, para ella), pero no son, como me hubiese gustado, adeptos a la magia. Son muggles (un término que la autora de Harry Potter asigna a las personas que no tienen dones de magia), lo que los hace niños normales aunque muy a pesar de eso – gracias a quien se las merezca— felices.

Yo, que tengo una fascinación un poco inmadura por los mundos de fantasía, quisiera poder compartir con ellos el anhelo de que Hogwarts en verdad existiese y que a cada uno de nosotros le tocase sentarse bajo el sombrero que te asigna la casa en la que vas a residir rezando “cualquiera menos Slytherin; cualquiera menos Slytherin…”. Y no sé si es el caso de mis niños en específico, o si es una situación que se presenta más en general, pero temo que a veces los niños de hoy tienen los pies demasiado puestos en el suelo; están muy cerca de la realidad.

Yo tuve una niñez feliz, pero con sus dolores, porque a pesar de todo el amor que recibí, y recibo, de mi familia, de los paseos, de las experiencias, de las tardes viendo películas, de las navidades con regalos y los cumpleaños en el Mirador; mi papá estaba enfermo. Pero mis recuerdos con él, y con mi familia, son de cuentos y tardes de cine y conversaciones y poesías en los que se me dejaba celebrar la fantasía. Yo era una niña un poco extraña, porque ni mi edad ni mi imaginación me alejaban por completo de lo que estaba pasando; pero era niña y se me dejó vivir mi niñez con sueños de dragones y viajes a las galaxias.

A veces las situaciones son aún más duras y a veces hay menos espacio para imaginación. A veces, los padres no pueden dar comida a sus hijos, por lo que tardes en el cine y libros de cuentos son lujos que no pueden costear. A veces, las enfermedades son aun más graves, las carencias aún más grandes y las tristezas aún más agudas, por lo que los niños entienden a una edad muy corta lo que es pobreza, trabajo, hambre, divorcio, muerte, enfermedad y responsabilidad… Pero en esos momentos es que yo creo que la imaginación los salva.

Si no fuese por la magia que tenía en mi vida, no sé si hubiese podido sobrevivir una pérdida tan dolorosa para todas nosotras. No sé si hubiese podido aspirar a cosas mejores, soñar con ser presidente (un sueño que dicho sea de paso se quedó en la niñez), ni si hubiese tenido tantas risas, ni tantos sueños. Por eso es que yo creo que la magia y la fantasía hacen falta, porque nos hacen creer que no hay barreras, que los seres humanos somos extraordinarios y que la bondad (porque Harry Potter, Cenicienta y todos los personajes que conozco cuyos cuentos están bañados de magia, eran buenos) se premia. Y por más que la vida de golpes y que las lecciones sean fuertes, la semillita de que todo es posible se nos queda sembrada en el alma.

Así que si me permiten, a pesar de mi inexperiencia como madre y mi lejanía a los retos que implica, déjenme sugerirles a los padres y madres que me leen que motiven la fantasía en sus hijos, con lecturas, cuentos y juegos, para que crezcan pensando que todos tenemos algo mágico por dentro. Y es que a mi, la vida de muggle me parece muy triste; no porque no podamos volar en escobas mágicas, ni convertir una rata en taza, sino porque los muggles ni siquiera saben que la magia existe.

jueves, febrero 08, 2007

Extrañando a la prensa

Quizás porque fue mi amor por las letras lo que me atrajo del periodismo, cuando yo entré a la escuela de Comunicación Social tenía la idea de que me estaba formando por ser más una versión femenina García Márquez que una versión femenina de Pulitzer. Dicho en términos más simples: yo no sabía en lo que me estaba metiendo.

No sabría decir en qué momento me entusiasmé por el periodismo. No creo que hubo un sólo profesor, ni un evento, ni una clase en específico que me hiciese entender que el periodismo es un servicio social al cual uno debe comprometerse sólo si entiende los sacrificios que tendrá que hacer; pero creo que para el final de mi primer año de estudio de comunicación social, yo ya quería ser periodista.

Desde ese primer año hasta ahora, han pasado muchos más. Incluso pasó el momento en el cual dejé de hacer las funciones de periodista, para empezar a trabajar de “referencista” (un término anglosajón para bibliotecaria) y más recientemente de relacionadora pública (de hecho mi titulo es más chulo de ahí, pero mis funciones son esas). Desde entonces, mi vida ha sido mucho más tranquila, mi bolsillo mucho más feliz y tiempo más libre, pero todavía me hacen mucha falta los medios. A pesar de haberme “salido” hace casi cuatro años, no puedo evitar sentir que le estoy faltando a la promesa que hice cuando, todavía estudiante, me comprometí con el periodismo.

La situación de los medios dominicanos –sobre la cual me niego a disertar en este espacio—no me incentiva a dejar mi trabajo para regresar a la redacción. En especial, porque no me es claro el tipo de futuro que podría tener si tomase esa decisión, pero me siento como la mujer que deja al esposo que pega cuernos, pero que lo sigue queriendo; llena de nostalgia. No puedo evitar imaginarme en el ruido de la sala de redacción, ni soñarme con esos momentos en que tu nombre firmaba un artículo controversial de primera plana, haciendo que todos los sacrificios, los días de trabajo de 16 horas y los malabares que una tuvo que hacer para conseguir la información valiesen la pena.


Estoy, en el presente, en un periodo de transición. Entiendo que mi trabajo, por bueno y bien remunerado que sea, debe ser temporal, y que tendré que encontrar un punto intermedio entre la vida en la prensa y la que llevo hoy, en la que pueda recuperar un poco de ese espíritu de servicio social que cargaba cuando era periodista en ejercicio, y con ello un poco del sentimiento de realización que a menudo me evade.

Voy pa’ ‘lla señores. Les cuento cuando llegue.

martes, enero 30, 2007

Los pequeños placeres



Quizás porque en estos días, no tengo tiempo ni para dormir, aprecio esos momentos que me tomo para mi misma: El escribir este post cuando me ahogan las cosas para hacer, el ver Heroes cuando tengo que estar escribiendo un discurso, el buscar cosas que no voy a comprar en Internet para no devolver las llamadas... Si no fuera por los pequeños placeres que provocan reapoderse de una porción del tiempo que has vendido a tu empleador para usarlo como te plazca, yo estaría aún más loca.

Me he dado cuenta, señores, que lo que más disfruto es lo que al final no tiene importancia, las cosas que no van en el curriculum, los momentos de risa y los chistes malos. Si no fuera por eso pequeños placeres...

miércoles, diciembre 13, 2006

Yo quiero ser una chica Sabina

Quizás porque recién tuve que volver a comprar un CD de Joaquín Sabina que de tanto dar vueltas se había roto (literalmente), hoy que me puse a oírlo me doy cuenta, como por primera vez, de lo hermoso de sus letras. El tipo, señoras, es un poeta y después un músico y después un cantante; pero primero un poeta. Y oyendo mi playlist "Sabina Selecto", en la cual colecciono lo mejor de lo mejor de lo que tengo de él, llego a la conclusión de que aquel día que escribí sobre los sobreros que me hubiese gustado usar, se me olvidó mencionar uno: quiero ser una chica Sabina.

La chica Sabina es a la que él le dedica todas sus canciones, que a pesar de que son muchas me suena siempre como la misma. Y esa, hay días, que quisiera ser yo. Quiero ser la que le ofrecen ser mi resaca, mi lunes, mi hastío; y morirse conmigo si me mato, matarse conmigo si me muero… Quiero ser la que prefiere mentiras piadosas, con mente de crucigrama por descifrar, la novia de la flor de la saliva, a nombre de quién ponen todas las olas de mar, la que inspire una canción como esta noche contigo, la princesa de la boca de fresa y marchitos zapatitos de tacón… Y si no puedo ser una chica Sabina, porque no soy española, porque no estoy en su planeta, porque no hay chicas Sabina y todas son una mezcla de todas las que él conoce, entonces quiero al menos algún día ser todas estas cosas para alguien.

Como quiero dejarles un botón para muestra, les copio una de mis favoritas, pero con la advertencia de que ninguna canción de este genio es como las otras; hay que tomarse el tiempo de conocerlas una a una.

Besos con Sal
Joaquín Sabina
1994

Tus pies bailan un tango con mi pasado,
tus cejas son las rejas de una prisión,
tus labios son el fuego por duplicado,
tu olvido es un descuido de mi pasión.

Tu cuello es una rama para colgarse,
tu mente un crucigrama por descifrar,
tu ombligo anda buscando por donde ocultarse,
tu boca es un milagro de la humedad.

Tus ojos son dos gatos por los tejados,
tu nuca un callejón al oscurecer,
tu pelo es el más negro de los pecados,
tus dientes son agentes de Lucifer.

Hembra y señora
que cada hora
cambia de piel,
golfa y decente
dulce serpiente
de cascabel,
flor de alquitrán,
lluvia que llueve,
besos con sal.

Tu lengua sale en todas mis pesadillas,
tus uñas acribillan mi corazón,
tus pechos dicen que eres una chiquilla,
tus muslos saben que eres mi perdición.

Tu piel es una patria para mis manos,
tu vientre un desayuno con vino y pan,
por tu cintura sale el sol más temprano
y se mueve el verano cuando te vas.

Tu pubis es un delta de agua salada,
tu falda… la más corta de Chamberí,
tu risa es una lágrima equivocada,
tu cama se inventó para no dormir.

Hembra y señora
que cada hora
cambia de piel,
golfa y decente
dulce serpiente
de cascabel,
flor de alquitrán,
lluvia que llueve,
besos con sal.

viernes, diciembre 08, 2006

Zapatos de niña


Quizás porque me han dicho muchas veces que tengo un alma vieja, yo recuerdo que me sentía adulta mucho antes de serlo. Me acuerdo bien de mi disposición de participar en las conversaciones de los adultos (muy a pesar de haber sido advertida en muchas ocasiones de que “los muchachos hablan cuando las gallinas mean”) y de que consideraba el mejor piropo el calificativo combo “madura-inteligente” con el cual se referían a mí a la vez que comentaban sobre la belleza de mi hermana Mariel.

A mi me encantaba ser una vieja de 7 años y, hasta muy entrada mis veintitantos me enorgullecía, sin modestia, que me consideraran madura.

Pero al igual que la mancha de chocolate en la camisa te chivatea cuando rompes la dieta, tengo muchas cosas que evidencian mi necesidad de permanecer esa niña de 7 años. Entre ellas están mis zapatos tipo bailarina (de los cuales tengo al menos cinco pares), mis moñitos, mis colitas, mis ganchitos, y mi afición por los musicales de The Disney Channel. Y es que no es lo mismo, señores, ser una niña o una adolescente madura, que ser una mujer madura; y para esto último yo no estoy preparada.

John Mayer, uno de mis favoritos quien ahora comparto (a regañadientes, porque a mi no se me hace fácil compartir favoritos) con mi hermana Anabelle, dice en la canción Stop This Train, que tiene miedo de ser mayor, porque sólo sabe ser joven, y en esa frase creo que me describe a mi también.

Por eso, en cada ocasión que se presente vuelvo a disfrazarme de carajita con mis zapatos dibujados con flores, mi pelo despeinado, mi pantalón ancho y estrujado, y mi cara limpia de maquillaje. Y por eso, muy a pesar de que mi escritorio lleno de papeles denota la necesidad de que actúe como una profesional; de que la fecha de pago de mi tarjeta de crédito me recuerde que tengo obligaciones financieras; y de que la flechita del tanque de gasolina de mi carro se meta debajo de la E, y me obligue a reafimar mi independencia motora, me distraigo haciendo chistes pesados, escuchando música moderna y surfeando la red para agarrarme mientras pueda a la juventud.

Yo también soy de las que creo que la juventud es un estado mental. Lo digo para que si uno de ustedes se estaba preparando para venderme la idea, sepan que yo la compré hace tiempo para hacerme sentir mejor sobre mis persistentemente ascendientes años… Pero eso no cambia el hecho de que sin importar cuan infantil uno logre comportarse, cuando se llega a ser adulto se es adulto y no hay marcha atrás.

Por eso, le hago una urra alos zapatos de niña disponibles en sizes de mujer; a todos los adultos que se atreven a sentarse en Friday’s a que una payasa les pinte la cara; a los que visten orejitas de Shrek y camisetas de Superman; los que ven Candy por You Tube; a los que juegan al topao con los sobrinos; a los que asustan a la tía con una cucaracha de goma; a los que tienen al menos un programa favorito en Nickelodeon; y los que se esfuerzan por no dejar morir a la niña que tenemos dentro.

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